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  • Nadia Yépez

Educación moral, necesaria para una vida feliz

Actualizado: 12 de oct de 2020

La moral en niños pequeños se desarrolla a partir de las capacidades con las cuales se nace y las experiencias que se vivencia en el entorno; las acciones de aprobación o reprobación del adulto ayudarán a la construcción del sistema moral y autorregulación del infante.

El ser humano necesita de un sistema de autorregulación que controle sus pensamientos y acciones, es decir, una brújula personal para actuar, relacionarse, convivir, aceptar y respetar el sistema moral y social en el cual se desenvuelve.

En un sentido evolutivo, el cerebro socioemocional se ha desarrollado hace miles de años al permitir la supervivencia de la especie humana para proteger la vida de su familia o comunidad. Toda persona debe organizar sus acciones o costumbres para convivir en una sociedad en la cual se promueva el trabajo, el respeto, el bien, la justicia, la lealtad, la amistad, etc.; este sistema se desarrolla con la educación moral.


Somos los padres, maestras y cuidadoras los modelos responsables de orientar la autorregulación del menor, es decir, la posibilidad que el niño tiene para aprender a controlar sus emociones y conducta y así responder a ciertos códigos establecidos por el grupo social en el cual se desenvuelve (casa, escuela, comunidad).


Esto significa que el sistema moral basado en emociones innatas (ira, miedo, tristeza y sorpresa) y emociones aprendidas en situaciones variadas (orgullo, celos, culpa o vergüenza), van estructurando el cerebro emocional aún inmaduro que el menor no lo puede comprender. Por este motivo, el niño - como ser social que quiere pertenecer a un grupo – es reforzado por el adulto cuando realiza acciones positivas para una convivencia armónica, así le estará ayudando a aprender lo que es permitido y lo que no lo es, colaborando en la estructuración del sistema socio-moral que construye desde muy temprana edad.


La educación moral incluye el desarrollar normas, valores y actitudes, en los infantes esto se propicia en la interacción social que tenga con niños de su edad en diferentes momentos: asistencia al centro educativo, juegos en el parque, fiestas y paseos familiares, etc.; el permitir que el niño descubra, investigue y aprenda en situaciones diversas, apoyará su desarrollo integral.


Considerando esto, la educación formal—asistir a un centro educativo donde el niño aprende normas (guardar juguetes, hablar sin gritar, escuchar con atención, jugar en parejas y grupos, saludar, etc.), valores y “palabritas mágicas” como gracias y por favor —implica el desarrollo del cerebro socioemocional en la primera infancia (0 a 7 años).

En este periodo de formación de redes cerebrales emocionales, el niño necesita del “cerebro adulto” o “cerebro externo” , es decir del papá, mamá, nana, abuelita, profesora, etc. para poder confirmar y aprender si está comportándose de acuerdo a lo esperado por ellos; los refuerzos positivos de afecto que se le brinde, asegurarán el surgimiento de acciones reguladas – de acuerdo a sus propias capacidades en las edades respectivas- para que puedan disfrutar de una infancia placentera y feliz, pues podrán reconocer sus emociones y sentimientos para desenvolverse en un mundo con respeto y conocimiento de sus propias actitudes.


¿Queremos que nuestro hijo sea feliz?

¿Queremos que asista a un colegio y disfrute de la convivencia sana con sus amigos? Si la respuesta es positiva, entonces nuestra tarea como padres y maestras será la de guiar y orientar a los pequeños desde temprana edad para ayudarlos en la formación de una base sólida de su personalidad; los aprendizajes socio-morales que se consoliden serán para toda la vida, ayudemos a los niños a alcanzar esta felicidad.


La educación moral incluye el desarrollar normas, valores y actitudes.

Yépez, N. (2014). Educación moral, necesaria para una vida feliz. Nidos de Lima. Número 30. 21-22. Recuperado de https://issuu.com/nidos_de_lima/docs/revista_30__p__ginas_.compressed

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